El Manantial de la lluvia , ( fragmento )

¿Qué otra cosa si no el aroma que arroja la veleta, las sierras espumadas del agua, las olas de la tierra, los susurros del amor, el aura de los jazmines, los óxidos del clavo de lo injusto o las huellas de unos pasos que regresan son estas creaciones habitadas? ¿No puede ser que Rodríguez Guy haya recogido en sus superficies, tan de elegante regusto matérico, el discurso de la vida cuando ésta calla para que, así, resuene pudorosa con su voz más íntima? Tal vez y por ello apuesto; pero lo que me resulta inequívocamente cierto, es que ante ellas no cabe la mudez distante de la indiferencia porque Rodríguez Guy propone y se ajusta decidido a la estética de nuestros días, la de la pintura como discurso de lenguaje propio y nacido de la necesidad de expresión a la búsqueda de otra voz, de la comunicación y el diálogo abierto, necesariamente honesto, sin perjuicios ni prejuicios, como requiere todo proceso comunicativo.

Manuel  Urbano


HISPAN E IBERIA

Hispan salió de Corinto en pos de lo desconocido; así lo intuyó Periandro en un tiempo en que Iberia se escondía entre brumas de lo ignoto. Eran tiempos enlos que la mitología se alimentaba de relatos, cuando la necesidad humana los aliñaba con especias de imaginación traídas de lugares apenas dibujados en derroteros como la “Oda Marina” de Avieno, una descripción de la tierra enla que ya aparece lberia con sus promontorios y sitios tenebrosos y brillantes. La Iberia de Gerión y de Argantonio; un Tarteso. asombro de los fenicios que, para relacionarse con aquel reino donde los pesebres eran de plata, en un más allá de las Columnas de Hércules, fundaron hace más de tres milenios, en isla cercana, una base --Gadir/Cádiz--, constituida en factor de mercado y de progreso. enrique­cida pronto por el flujo griego que propor­cionó nuevos elementos a una cultura de integración ibérica cuando los círculos de coexis­tencia se ensanchaban en la península...

“Hispan e Iberia” es el título de la exposi­ción que muestra Pablo Rodríguez Guy en la Galería ldearte de Madrid. Son pinturas, donde el artista transcribe la visión de su mundo: las madres autóctonas, con el soplo oriental, en un solar que mantiene y genera renuevos a través de las edades. Es verdad que los cuadros de Rodríguez Guy son descrip­ciones mentales, paisajes con territorios ínti­mos a modo de cartografías metafísicas, y así lo recogen los títulos: “Huellas de la Memoria’, “Faro Solar”, “Sentires” o “Cánticos”; obra generada con materiales y afanes de consideración, tejidos y huellas de asentamientos, signos referenciales, figuras geomé­tricas y agregados mecánicos o intelectuales desde una apreciación abstraída. Porque este autor nacido en Sierra Morena, formado en Barcelona, renunció hace años al aco­modo académico en la Ciudad Condal para encontrarse de lleno con la tierra; primero en el Ampurdán a la vera del Pirineo; y después en La Alcarria, cercana a Madrid, donde se mantiene a ras de suelo, y cercano a las estrellas, para no perderse el rumor de la naturaleza y percibir mejor los barruntos de una cultura nacida en Iberia, amamantada por fenicios y griegos, configurada por Roma que la denomina hispania, y posteriormen­te abierta al Océano hasta alcanzar la orilla lejana. Iberia, península; Hispania, pueblo o cultura,

Hispan e Iberia es un dibujo que da nombre a la exposición de Pablo Rodríguez Guy. En el encuadre intuye la gran aventura que iniciarse pudo con pasos desde Corinto, llegar al lber-Tartesos de la mítica cuenca minera de Huelva tras costear el africano norte en naves fenicias, o siguiendo la ruta norte que, por Rosas y Ampurias. ya en Iberia, avis­tan al gran río del camino, Ibero/Ebro,.. de “Hispan a Iberia.

JOSÉ PÉREZ-GUERRA

Director de “El Punto de las Artes


Por definición, la obra de Rodríguez Guy está obligada a ser abstracta, porque parte de una filosofía del caos, germen de las innúmeras formas aún nodefinidas y, por lo mismo, abiertas al infinito. Así, el crea­dor reinventa sus espacios cono­cidos, evoca aquellos que alguna vez ha transita­do, o imagina los que nunca vio y sobre todos deja palpitando una extraña poesía a la cual no es po­sible ponerle nombre o, en todo caso, el nombre que se les pone es un señuelo para iniciar el viaje interior hacia los ámbitos de lo inexplorado. Nacen, así, “Triana”, “Antares”, “Saeta”, “Latidos”, “Clamor”, “Ausencias”o las dos bellísi­mas variantes del “Café el Fishawy” (cálida y fría), por cuyas atmósfe­ras viajamos deslumbrados, como quien lo haría por un paisaje nunca visto.

Porque la obra de Rodríguez Guyes eso: pasaje y paisaje or­gánico, vivo, creativo, entusiasta, donde el espíritu dionisíaco, el es­píritu de la vida y de la “embriaguez” mística cobra cuerpo, por obra y gracia de la tensión a la que ha sido sometida la materia plástica. Y se escucha esa “saeta” carmín abriéndose paso entre el dramático y silente claroscuro de un nocturno andaluz, elevándose en el aire, como una llama; o se siente la “sinergia” de las masas enfrentadas, como titanesque dia­logasen a la orilla de la luz; o se adivina el recinto reticulado de unpatio con su umbría tibia y acogedora; o las ausencias que dejan auras ondulatorias, o des­dibujadas luces violáceas, o hue­cos grises, o un inmenso espacio ocre apenas conmovido por la huidiza imagen de un viejo da­guerrotipo. La obra de R. Guy está he­cha de tierra vivida, de luz man­chadapor los pasos de los días, de huellas de caminantes o de surcos que el viento y el agua han ido grabando en la piel de los sue­ños o, lo que es lo mismo, en la metafórica y sugestiva superficie de sus obras, llenas de escrituras ocultas.

<"class="Estilo7"> Ánxeles Penas-Mayo 2003 (extracto)


Mi obra es el punto de encuentro entre la emociones y la energía. Son el lugar donde se funden las emociones y los sentimientos más íntimos con la energía que emana de las cosas y de las personas, de lo natural en definitiva, que está vivo. Y hay que verla, más que con los ojos analíticos, con los ojos del alma y del corazón. Hay que dejarse penetrar por los colores y las formas, como si fuesen fuertes notas musicales o como si fuesen evocados por unos versos poéticos llenos de pasión y sentimiento. (Abril 2004).  P.R.G.


Que otra cosa somos, sino viajeros errantes

en busca del momento mágico,

del sonido o color o palabra, en fin,

que nos haga vibrar y sentir esa cálida humedad en ese,

no se sabe bien cual, rincón del alma.

P.R.G

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